viernes, 9 de mayo de 2008

Junio

Oh, sé que he de buscarte / cuando el otoño abrume con sus frutos goteantes / la tierra, / cuando las mozas pasen mordiendo los racimos / como si fueran labios, / cuando las piernas rudas de los hombres / se tiñan con la sangre púrpura de las vides / y quede una canción flotando en el azul helor de la tarde / madura. / Oh, sé que he de buscarte. / Cuando caiga en el río el beso desmayado de la última / adelfa buscaré tus pisadas sobre la arena tibia / donde tu cuerpo expiraba bajo el mío / como un talle verde en el suspenso mediodía. / Oh, sé que he de buscarte / cuando el dormido cisne del otoño aletee en su nido; / pero Junio es ahora un pastor silencioso / que coronan los oros sagrados de la trilla, / y yo bebo en tu cuerpo la música desnuda / que languidece en los violines lentos de la siesta. / Oh, yo sé que he de buscarte / cuando la campiña despierte del letargo amarillo / de los élitros; / pero ahora es tu cuerpo sólo, tu cuerpo junto al mío, / mientras Junio incendia la felicidad de los montes / más lejanos / y el río besa tímidamente nuestros pies / como si Narciso nos contemplara con sus diluidos ojos / verdes de agua.
(Pablo García Baena,
Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
Junio. Málaga, Col. A quien
conmigo va, 1957)