sábado, 11 de junio de 2016

Maldito


Toda mi vida es mentira y además no la recuerdo.
(Ramón Buenaventura. El año que viene en Tánger)

a  m siempre

I

Una vez, hace mucho tiempo, en otro país, bajo otra lluvia, ella me preguntó que a quién me hubiera gustado parecerme. A pesar de que entonces nada era fácil, no lo pensé ni un segundo y le dije: a Albert Camus o a Baruch Spinoza.

Siempre eran dos respuestas o ninguna, siempre la falla o el exceso. Unas veces era Hamlet esperando a Godot en las estaciones de servicio o en los poblados ponzoñosos que compiten con los aeropuertos, y otras veces era K. buscando a Aldonza Lorenzo (buscándote y buscándome), rectángulo a rectángulo, del otro lado de las tapias del cementerio…

Pero esto es ya literatura de literatoso, como suele decirme Lorenzo García Valdés en algunos de sus sueños, y yo hace mucho tiempo que acabé con todo eso y decidí que sólo me dedicaría a mi trabajo, todos los días, a todas horas… Inútilmente.

Han pasado casi veinte años (ahora que de casi todo hace ya veinte años, como diría el poeta), ella está muerta (también yo, a mi manera), y si alguien volviera a hacerme la misma pregunta --¿por qué has tenido qué hacerlo?--, no sabría qué responder.)

II

DECRETO DE EXCOMUNIÓN DE BARUCH DE SPINOZA

Los dirigentes de la comunidad ponen en su conocimiento que desde hace mucho tenían noticia de las equivocadas opiniones y errónea conducta de Baruch de Spinoza y por diversos medios y advertencias han tratado de apartarlo del mal camino. Como no obtuvieran ningún resultado y como, por el contrario, las horribles herejías que practicaba y enseñaba, lo mismo que su inaudita conducta fueran en aumento, resolvieron de acuerdo con el rabino, en presencia de testigos fehacientes y del nombrado Spinoza, que éste fuera excomulgado y expulsado del pueblo de Israel, según el siguiente decreto de excomunión: Por la decisión de los ángeles, y el juicio de los santos, excomulgamos, expulsamos, execramos y maldecimos a Baruch de Spinoza, con la aprobación del Santo Dios y de toda esta Santa comunidad, ante los Santos Libros de la Ley con sus 613 prescripciones, con la excomunión con que Josué excomulgó a Jericó, con la maldición con que Eliseo maldijo a sus hijos y con todas las execraciones escritas en la Ley. Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito sea cuando se acuesta y maldito sea cuando se levanta; maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa. Que el Señor no lo perdone. Que la cólera y el enojo del Señor se desaten contra este hombre y arrojen sobre él todas las maldiciones escritas en el Libro de la Ley. El Señor borrará su nombre bajo los cielos y lo expulsará de todas las tribus de Israel abandonándolo al Maligno con todas las maldiciones del cielo escritas en el Libro de la Ley. Pero vosotros, que sois fieles al Señor vuestro Dios, vivid en paz. Ordenamos que nadie mantenga con él comunicación oral o escrita, que nadie le preste ningún favor, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo o a menos de cuatro yardas, que nadie lea nada escrito o trascrito por él.

(Florencio Noceti (ed.). Las cartas del mal. Correspondencia entre Baruch de Spinoza y Willem Van Blijenbergh (incluye separata con el Decreto de Excomunión de Baruch de Spinoza de 1656). Comentarios de Gilles Deleuze. Traducción de Natascha Dolkens y Florencio Noceti. Buenos Aires, Caja Negra Editora, Colección Numancia, 2006)