miércoles, 9 de septiembre de 2015

El arte de desaparecer (V)


La pintura china y japonesa invoca dos principios fundamentales: de un lado, la vida primordial, y el aliento vital que impregna todas las cosas en Uno las reúne en un todo y las transforma conforme un movimiento de gran círculo o de espiral orgánica; de otro, el vacío mediano, y el esqueleto, la articulación, la juntura, surco o trazo quebrado que va de un ser a otro tomándolos en la cúspide de su presencia conforme una línea de universo. En un caso lo que cuenta es la reunión, diástole y sístole, pero en el otro, más bien la separación en acontecimientos autónomos todos ellos decisivos. En un caso, la presencia de las cosas está en su “aparecer”; en el otro, la presencia misma está en un “desaparecer”, como una torre cuya cima se pierde en el cielo y cuya base es invisible, o como el dragón disimulado tras las nubes.

(Gilles Deleuze. La imagen-movimiento. Estudios sobre cine, 1. Traducción de Irene Agoff. Barcelona, Paidós, 1984)