domingo, 16 de agosto de 2015

Morir así (una vez más)


No morir como un monarca, rodeado de cortesanos, galenos, prelados y notarios; tampoco como cualquier padre de familia, asistido por mujer, hijos y parientes; ni siquiera ante colegas y empleados, en plena labor cotidiana; mucho menos en la calle, fulminado, entre peatones curiosos, fugaces o aterrados. Morir como un animal herido, en lo más profundo del bosque, en el corazón de la selva oscura, solo, donde no cabe esperar socorro ni compasión de nadie.

(Julio Ramón Ribeiro. Prosas apátridas.
Barcelona, Seix Barral, 2007)