martes, 10 de marzo de 2026

Alfredo Bryce Echenique (Lima, 19 de febrero de 1939 - 10 de marzo 2026)

—¿Y cuándo se va a tratar de ti? —me preguntó, hace algún tiempo, el pérfido Alfredo Bryce Echenique.

A mala hora creí que la tensión entre él y yo había terminado tras el desquite de Sitges, y le solté esa confidencia. Miren la bajeza con que me respondió. Me dejó enfermo con su frase, porque uno se defiende como puede, y porque yo creía que después de haberlo agredido en Sitges, las cosas entre nosotros seguirían su curso natural. Pero vamos de a pocos. Él me había noqueado en París, en uno de los peores momentos de mi vida, y ahí en Sitges, aquella tarde primaveral, al borde del mar, cuando lo divisé escondido detrás de una palmera, me sentía totalmente modernizado y reconstruido. […] Qué mejor momento pues para noquear a Bryce Echenique, tú me noqueaste allá, Alfredo, déjame noquearte aquí. […] Pero al pobre Bryce Echenique lo encontré peor que noqueado. Estaba haciendo el ridículo en Sitges, y no lograba salir de esa situación de puro ridículo. Vi que me hacía señas, que me llamaba, no sé para qué me llamaba tanto si cuanto más me acercaba más se escondía.

—Acércate, Romaña —me dijo, en voz muy baja—, ayúdame que estoy jodido.

Lo estaba, el pobre. Había publicado una novela tan gorda como ésta, pero titulada Un mundo para Julius, y lo habían invitado a Barcelona porque se creía que iba a ganar un importante premio. Pero al último minuto resulta que el importante premio lo podían ganar un montón de escritores más, y como que empezó a perder interés su visita. Lo cierto es que el jurado se reunía en Sitges, y que a Sitges lo mandaron solo y de incógnito, a ver qué pasa, nunca se sabe, y él, que no sabía ni cómo era Sitges, llegó, vio, se asustó, y trató ridículamente de esconderse en uno de los bares, en espera del fallo, y si gano aparezco triunfal y de casualidad, vine sólo para darme un remojón en el mar. Pero en cada bar había ya un escritor incógnito esperando darse un remojón de casualidad en el mar. Cada escritor incógnito tenía su propio bar y no quedaban más bares y el pobre Bryce Echenique fue a dar a su palmera. Y juácate, ahí lo divisó nada menos que el reconstruido y modernizado individuo que era yo. Al principio trató de desaparecer, pero tan bruto no era: captó que yo estaba dispuesto a girar mil veces en torno a la palmera, no pararía hasta saber qué mierda le estaba pasando tan escondido. Acércate, Romaña, me dijo, al sentirse descubierto por un hombre sano. Y me lo confesó todo.

—Conque de incógnito, ¿no?

—Ayúdame, hermano.

—¿Cómo? —le preguntó el campeón mundial de los pesos pesados.

Mi ayuda consistía en ir al lugar en que se hallaba reunido el jurado, esperar a que se diera el fallo, correr hasta su palmera a comunicárselo, y en el caso de que le fuera negativo, en prestarle mis anteojos de sol, y en ocultarlo al máximo con el cuerpo hasta que lográramos huir.

—No te muevas, Alfredo —le dije—. Voy a ver qué pasa con el jurado, y no bien me entere de algo, regreso corriendo. Quédate tranquilo y bien paradito detrás de tu palmera.

Pero se la olió el muy vivo. Mi sonrisa de entera satisfacción delataba demasiado, sin duda, y él ya había sospechado que yo era muy capaz de no regresar. […]

Pero no regresé. Mejor para él que no regresara, pues mientras me dirigía al local en que se hallaba reunido el jurado, pensé en un desquite magistral. Sí: iba a entrar, iba a salir, al cabo de un rato, iba a correr hasta la palmera a avisarle que había ganado el premio, y Bryce Echenique iba a hacer el ridículo de su vida entrando a abrazar a medio mundo, vine sólo a darme un remojón primaveral, señores, a carcajadas lo iban a sacar a patadas del local, porque el jurado continuaba deliberando.

(Alfredo Bryce Echenique. La vida exagerada de Martín Romaña. Barcelona, Anagrama, 1981)

lunes, 9 de marzo de 2026

Jessie Buckley o Agnes Shakespeare


Sin embargo ahí está –hecho casi un hombre, como sería ahora, si viviera--, en el escenario, andando con el mismo paso que su hijo, hablando con la voz de su hijo, diciendo las palabras que su padre ha escrito para él.

(Maggie O'Farrell. Hamnet. Traducción de Concha Cardeñoso. Barcelona, Libros del Asteroide, 2020)

sábado, 7 de marzo de 2026

Solo me quedas tú

Si no siento la suavidad y el vello de tu piel recién naciendo cada mañana sólo me quedas tú

Si no veo el arcoíris que se dibuja entre tus pechos los días de sol y lluvia y besos sólo me quedas tú

Si no encuentro cicatrices en tu cuerpo que me aseguren que vives y que has vivido sólo me quedas tú

Si no cojo tus manos y las pongo sobre mi rostro y mi cabeza para librarme de la tristeza sólo me quedas tú

Si no coges mis manos y las pones sobre tu rostro y tu cabeza para librarte de la tristeza sólo me quedas tú

Si no lamo tus dedos después de que hayas comprobado el nivel y la temperatura de tus aguas –esa delicadeza vale más que todas las dimensiones del universo- sólo me quedas tú

Si no emerjo de las profundidades de la noche amarrado a tu cintura de nadadora olímpica sólo me quedas tú

Si no me practicas el boca a boca al menos dos veces por semana y en fiestas de guardar sólo me quedas tú

Si no me abrazas mientras cocino absorto y de pronto la cuchara salta por los aires salpicando los azulejos blancos que tanto me cuesta limpiar sólo me quedas tú

Si no te abrazo mientras lees un libro o atiendes a tus pensamientos y te haces la sorprendida y te mueres de risa porque siempre me ves venir sólo me quedas tú

Si no ardo ni levito ni me muero de ternura y gratitud cada vez que te miro a los ojos sólo me quedas tú

Si no estoy en tus manos ni en tu corazón ni en tu pensamiento ni en tu respiración sólo me quedas tú

Si no me das la mano mientras el mundo se desmorona

Sólo me quedas tú

(FN)

(Fotografía de Andrea Passon)

jueves, 5 de marzo de 2026

domingo, 1 de marzo de 2026

Marzo

Una vez más emerjo de la noche.

Una vez más estoy sobreviviendo

soles oscuros y aguas profundas.

Una vez más de la noche más fría.

Una vez más lo he perdido todo

salvo este extraño amor por la vida.

(FN)

miércoles, 25 de febrero de 2026

Sed


La sección “Sexualität” de Der Spiegel

afirma que entre los centroeuropeos

ha descendido la práctica del sexo oral.

Menos mal que somos medio católicos

y medio africanos (por así decirlo).

Permíteme que me arrodille ante ti,

y, por el amor de Dios, abre tus piernas,

porque me estoy muriendo de sed.

(FN)

domingo, 22 de febrero de 2026

Vámonos

 Vámonos a los campos donde la noche nunca termina.

Vámonos a los campos donde los españoles morían.

Vámonos a los campos del sur de Francia.

Vámonos a los campos donde los vinos y quesos

y el fouad tienen denominación de origen.

Vámonos a los campos donde los españoles

morían de hambre y de frío y de desesperación.

Vámonos a los campos floridos de la Ilustración.

Vámonos a los campos donde los españoles aúllan.

Los españoles que nunca pasarán por los Campos Elíseos.

Vámonos con nuestros abuelos y bisabuelos,

en este día tan soleado, por quienes aún mal vivimos.

Vámonos a los campos donde la noche siempre acierta.

Vámonos a los campos de nuestras vidas.

Vámonos a los campos de la desolación.