domingo, 9 de agosto de 2015

Mirar las estrellas no es lo mismo desde que somos inmortales (Cuatro poemas de Andrea Aguirre)


I

Tormenta

El mar terrible devora a nuestros hijos
cada noche de tormenta.
Todos los hombres y todas las mujeres
se sumergen en un canto profundo,
desafían el lenguaje
                                   y la luz
se desvive en un vaivén hipnótico.

Hay un naufragio consumado
en todos los amaneceres.

Ya nadie podrá nunca resarcir
el animal más triste de la Tierra.

II

Fortuna

Arrancar las raíces no fue la derrota de los árboles.
Tejieron redes de escarcha y de barro,
y sus ramas fueron el origen de los años venideros.

Vemos oscurecer todas las nubes
al dormirnos sobre la hierba álgida
e ignoramos el enjambre que duerme
debajo de nuestros cuerpos vencidos.

Escribimos la lluvia, juntos,
escribimos el roce y la tormenta.
Incendiamos la luna en su mitad privada
y nos mojamos en la luz del mediodía.

Tu mano amarrada a mi mano
es como el mundo
de la noche sublime de noviembre.

Mañanas de invierno esperan libres
al prometido atardecer
de nuestro tiempo.

III

Ofrenda

Hemos recorridos sendas áridas
y campos sembrados con estiércol
desecado y decrépito.

Hemos arrancado de la historia
todos los días amañados.
Nuestros brazos fueron como el viento
deslenguado de las tormentas.

Vinimos a quemar todas las cruces,
a ofrecer nuestra plegaria ante el vacío.

Hemos levantado un templo justo
a la tragedia y la desesperanza.

Este es nuestro pago por ser libres.

IV

Mapa

En todos los lugares existe una estación y alguien que espera.
Caníbales relojes cercenando el tiempo de los hombres
y usurpando la simpleza de los niños.

En todos los lugares una vieja profetiza apocalipsis.
Sus cómplices secuaces te estrangulan
y te afanan con maestría las vergüenzas y los fracasos.

En todos los lugares hay alguien que retoza entre las charcas
y moja la calle con los párpados vivos
y nadie lo ve.

En todos los lugares una madre llora por un hijo muerto
y teje flores secas para su cama desierta
donde ella habita ausente desde entonces.

En todos los lugares grandes magos crean artilugios
que atrapan a los críos y los quiebran.
Y un chaval atormentado nos dispara camuflado con un traje de payaso.

En todos los lugares un amor es derrotado y se desgaja.
Y una planta palidece en un salón insípido
o en la mesa desahuciada de la cocina.

En todos los lugares alguien cuenta los segundos y no sabe lo que hace.

En todos los lugares alguien dice que morir es todo lo que importa.

En todos los lugares alguien cree que no existe la inocencia.

Hay alguien que ha perdido y que no espera las noticias
y esto ocurre

en todos los lugares.

(Andrea Aguirre. El mapa de la existencia.
Madrid, Tigres de Papel, 2015)

Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana,
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir.

ADRIENNE RICH