jueves 12 de noviembre de 2009

Por qué

Porque no son las drogas, el alcohol, la farmacopea elíptica, lo que lleva al derrumbe y el abandono, el ostracismo, la locura más sórdida, la soledad más abyecta. Sino el amor que no nos dieron.

3 comentarios:

Vicente dijo...

Bowlby, y sus teorías del apego, me hicieron entender que el arraigo está hecho de experiencias repetidas de consuelo que desarrollan en ti el sentimiento de confiabilidad y te permiten confiar en ti mismo, en los demás, en la vida, desarrollando sentimientos de pertenencia, de vinculación, de apego. Analfabetos afectivos emocionales nos hicieron prestar gran importancia al desarrollo de una inteligencia medida por coeficientes, en un mundo bastante “out” en el que gran parte de la población estamos marcados por algún “estigma”.

Hemos ganado en conciencia ecológica y hacemos reservas para los animales, pero hemos olvidado ese espacio natural en el que crecen jugando en libertad nuestros propios cachorros, y mantenemos encerrados a nuestras crías cada vez durante más horas fuera de casa, no fomentamos el encuentro y la comunicación entre niñas y niños de diferentes edades, consiguiendo un enorme fracaso más aterrador del que muestra el Informe Pisa: las causas de muerte más numerosas de adolescentes y jóvenes, según las encuestas, se deben a abuso de drogas, suicidios, conducción temeraria, ajustes de cuentas, violencia irracional.

Un abrazo.

Vicente

javi dijo...

Seudónimo: Tristán.

Soñé la muerte
(y otros poetas)
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Soñé la muerte




En la muerte del ya para siempre
por mí desconocido Roberto Bolaño,
el detective salvaje.




Soñé la muerte
y se me fue la vida.

(Leopoldo Lugones)



Soñé que nos hundíamos y que después nadábamos hacia la costa lentamente y que de nuestras sombras de color verde claro huían los tiburones.

(Héctor Viel Temperley)





Soñé la luz que arde y fija el polvo y cristaliza la saliva que disparan

contra los desperados las serpientes del abandono

y las miradas que se reconocen sin antes haberse conocido

y estallaron las risas contra los muros de la nada…





… Soñé que llevaba tres años sin dormir

ignorando las sábanas del dulce velo

y pesaba cincuenta kilos (lo que un saco

de excremento y tiza y mohosos sueños)

y me arrastraba la noche cada noche

sobre la meada inmensidad del asfalto

embellecido con cristales de botellas

cancerígenas

y leer

y escribir poemas

eran la única forma de seguir respirando…






… Soñé la fiebre que se alza eyaculando engrudo en el aire lisérgico

de un cielo azul deshabitado

donde llorarán los dragones de la última creación

y los poemas que escribí y después rompí bajo las leyes del fuego

y ceniza es lo que será diamante

y nunca más se supo …




… Soñé que había desperdiciado los primeros veinticinco años de una

vida arrojada al basural del sentido

y que desperdiciaría los siguientes veinticinco años

y brotó en medio de ninguna parte el impensado aguijón del alacrán…




… Soñé que la muerte no existe



Soñé la lejanía



Soñé mi ausencia…




…Soñé que mediante la poesía preservábamos todos los enigmas



Soñé que hay un camino para cada hombre

hacia la muerte caprichosa

hacia la nada esperanzada

un camino a encontrar

que nos encuentra

nómadas tambaleantes

borrados sobre la planicie de un tembladal

de apagados fuegos y olas de arena




Soñé que el poeta no tiene quien le escriba



Soñé mis ojos

en el temblor de tus ojos

temblorosos

dulcemente temblando



Soñé que nadie nos quería

y mendigábamos palabras que abrazan o destrozan en el dorado

inalcanzable de las estaciones de servicio

y un buen día se detuvo un coche y subimos

y nos condujo hacia la línea de sombra de un amanecer esquivo

y nadie dijo nada




Porque abrir un libro entraña problemas sin solución y anuncia deliciosos peligros, y nos permite viajar por la vida y la muerte, soberanos en el gozo, dueños innominados del dolor, mundos perdidos. Porque nos torna insurgentes frente a la realidad e inconsolables en el milagro de estar vivos, y alberga en nosotros la extraña fatalidad del azar y el sentimiento pasajero de haber sido elegidos. Por éstas y otras tantas razones, por lo que es y fue siempre, por lo que será y no ha sido, copio a continuación algunas líneas de una de las primeras novelas que recuerdo haber leído: --Mira, Cranly –dijo--. Me has preguntado que te diga que es lo que haría y qué es lo que no haría. Te voy a decir lo que haré y lo que no haré. No serviré por más tiempo a aquello en lo que no creo, llámese mi hogar, mi patria o mi religión. Y trataré de expresarme de algún modo en vida y arte, tan libremente como me sea posible, usando para mi defensa las solas armas que me permito usar: silencio, destierro y astucia. (...) Me has hecho confesar los miedos que siento. Pero te voy a decir ahora cuáles son las cosas que no me dan miedo. No me da miedo de estar solo, ni de ser pospuesto a otro, ni de abandonar lo que tenga que abandonar, sea lo que sea. No me da miedo el cometer un error, aunque sea un error de importancia, un error de por vida, tan largo tal vez como la misma eternidad. (...) Correré el riesgo.



Hola Fernando.

Dr. Falhton ha vuelto.

Anónimo dijo...

Las respuestas estrictamente biológicas de nuestro cuerpo ante la falta de un equilibrio químico provocado por distintos tipos de estímulos y substancias, es bastante básica y repetitiva. Con esto quiero decir que la respuesta de nuestro cuerpo ante la falta de alimento, ante la falta de narcótico, o ante la falta de amor, es muy parecida. Pero personalmente el mono más intenso que en mi vida he encontrado, ha sido por amor.
Le pregunté al monte y a la violeta la receta. Y me han respondio, que para el mal de amores nunca la habio.
arturo.

 
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